Si, quiero

Hoy es un día especial,
porque veo la felicidad en ti hermana
y que comparten con Agus; mi hermano también
a quien elijo cada día que Pame te elige a ti.
Esa felicidad que empiezan a compartir con sus elecciones;
hoy su familia.
Porque me he encontrado lejos,
perdiéndome las risas, los abrazos, las emociones, las caricias,
pero hoy puedo ver que todo lo que imaginé
es cierto.
Porque en la vida en necesario correr algunos riesgos
para permitir que lo inesperado se manifieste.
Porque todos los días tenemos la posibilidad
de cambiar lo que no nos hace feliz.
Porque intentamos fingir que no vemos este momento,
que hoy es igual que ayer
y que mañana será igual que hoy.
Pero el que presta atención,
descubre el instante mágico;
ese momento existe.
Un momento en el que toda la fuerza de las estrellas
nos atraviesa
y nos permite hacer milagros;
hoy su encuentro.
La felicidad es a veces un don,
pero generalmente es una conquista.
Hoy es un día especial
porque dicen “Sí quiero”
delante de todos los que los queremos,
reafirmando ese amor que vienen amasando
desde el día que la vida los puso de frente.
Desde pequeña te amo y te admiro hermana,
por el camino que has ido marcándome,
y hoy convirtiéndote en esa mujer
con ojos de madre.
Sin más nostalgias,
aquí estaremos
al lado del camino.

Dedicado a mi hermana en uno de esos momentos únicos e irrepetibles…

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Vidanomia 21

Detrás de sus ojos casi dormidos,
y su ternura permanente;
la infancia inacabada,
la inocencia no corrompida,
y el gesto cómplice que congenia la bienvenida.
La sequedad de sus labios pequeños,
reclama la humedad de sus ojos,
en la prolongación curiosa de sus miradas,
por el llanto que acompaña la angustia,
que descansa en el roce último de una caricia.
La permanencia inmóvil y cautelosa,
que oscila para mantener el equilibrio,
y la entonación susurrada de palabras
que rompen la barrera del silencio,
en la estática sonrisa constante
que irrumpe los sueños
y reclama el aire,
que nos deja en el asombro,
del reflejo insosegable
de nuestras semejanzas.

Generaciones en el paraíso 

Caminando en arena de trigo,
resolana de sol y de abrigo.
De horizontes mestizos,
cofradía de ilusiones.
Escaleras al agua;
transparencia que ahoga reflejos del alma.
Pies desnudos
erosionados con el viento,
dibujando ese puente que conecta
tu pasado, mi presente y su futuro.
Amuletos de colores,
tradición de mariposas,
Hogar que hizo,
Generaciones en el paraíso.

Para una amiga…

Reverberación

Aunque vea tu silueta dibujada

al reflejo del sol.

Y me abraces tan fuerte

fusionandonos las dos.

Cuando dejas el perfume

que me conduce a vos,

y despeinas las mañanas

sin despertador.

Aunque libre siempre atadas

con el mismo cordón.

Esquivamos la mirada

sin ninguna dirección.

De blanco vistes

como cuento de hadas,

no hay aire que no puedas

atravesar con tus alas.

No dejemos que la obra se termine

antes que se baje el telón.

“No hables con un extraño”

A veces el paisaje que siempre transitamos, cambia; o nosotros cambiamos la forma de mirar.
Un día volviendo a casa, veo a una persona acostada en la vereda escuchando los pasos de cientos caminantes y me detengo a preguntarle su nombre: Arturo. A partir de ahí, nos regalamos unas cuantas horas conversando. Al día siguiente cuando volvemos a vernos, me regala un cuento que me ha escrito a partir de esa noche de causalidades y que me enorgullece compartir.

Dedicado a esa luz que apareció en la noche…
La condena

¿Porque ella dudo y luego se detuvo repentinamente?
¿Porque decidió ver aquello que no debía ver?
Esa actitud a todas luces anormal por no decir subversiva fue la que me obligó a hacer un esfuerzo digno de aquellos mitológicos dioses griegos, me obligo a intentar dilucidar si aquellos sucesos habían sido el producto de una fallida percepción sensorial, la mía, los sentidos no pocas veces suelen tratar de engañarnos vilmente. ¿Sería acaso la descarada intromisión de un divague onírico de algún duende nocturno? ¿Pero cómo saberlo? ¿Debería acaso interpelar a todos aquellos duendes que con sutil esmero había creado para suplir la carencia de interlocutores interesantes capaces de lograr ignorar al tiempo?
Debía hallar un sendero menos arduo para solucionar el enigma que me planteaba aquella aparición. Todos los senderos se me aparecían como tortuosos laberintos en los cuales temía perderme inexorablemente.
Al principio pensé que el final de mis días me había visitado cuando me hallaba dormido, y ya despierto, estando muerto me hallaba conversando con ella.
Cuando las sombras de la duda avanzaban lenta pero implacablemente sobre mi turbado entendimiento apareció no sé porque extraño designio, la prueba de su real existencia.
Su teléfono estaba agendado en mi teléfono ¡no había soñado!, ningún duende se había entrometido, ni aquella apacible noche del dos de abril había muerto, entonces ya seguro de lo sucedido no tenía otra opción que elaborar los argumentos condenatorios.

Esos extraordinarios sucesos fueron el disparador para generar en mí una inquietud tan indescriptible que difícilmente los humanos puedan imaginar. Uno puede esperar de los otros, actitudes que se correspondan con esas realidades que nos son introducidas con una sutileza y maestría dignas del más capacitado de los especialistas.
Es por eso, que cuando algún espíritu anómico, rebelde, irrumpe en nuestras vidas, abruptamente, desconociendo las reglas más elementales del sentido común pretendiendo que arrojemos por la borda todas nuestras invaluables concepciones, nos conducen ineludiblemente hacia el camino de la exigencia de una condena.

Todos sospechamos, pero algunos en su ignorancia afirman categóricamente que la sociedad es perfectible, esto es lo que implícita o explícitamente me dejó entrever con su actitud, actitud que como Uds. sospecharán resulta ser a todas luces, peligrosa. Me es imposible no exigir la condena de esta mujer que utilizo todas las artimañas a su alcance para recrear mi inexpugnable realidad, ésta que había construido tras largos años de resistencia a las invasivas proposiciones del” homo stultus”, esa laboriosa, ciclópea muralla preparada para resistir al más ambicioso y cruel de los invasores, diseñada con una única e inaccesible entrada, fue trasvasada como si simplemente fuese una irrealidad.

Esta condena que me hallo peticionando a este honorable tribunal, que sin lugar a dudas será dictada luego del irrefutable alegato que les expondré, no es la consecuencia de haber fisurado mis aceradas y celosas defensas.
Todo el mundo sabe que esos incómodos bultos que nadie quiere ver en las somnolientas calles de nuestra ciudad deben, no sé porque decente capricho moral o educacional seguir siendo lo que son, a saber ” bultos”.
Esta mujer ignoro porque motivo, es posible que no tuviese ninguno, decidió sin reparar en las terribles consecuencias de sus actos, que uno de esos bultos resultase ser otra cosa, pero no cualquier otra cosa, un paquete, unas mantas abandonadas, no!!!, no!! Decidió unilateralmente, sin consultar, que ese bulto era un hombre.
Me pregunto la magnitud de las consecuencias, que tendrán estas deformaciones perceptivas conscientes o inconscientes.
Me pregunto también, del lacerante daño que acarreara a la estructura valorativa y el bienestar de las hasta ahora relaciones sociales. Aquella que nos permite gozar de una vida exquisitamente plena, consumir y tributar sin tener necesidad de desarrollar ninguna otra actividad y menos aún pretender entretener a nuestra imaginación construyendo falsas imágenes de una concreta realidad.
Es necesario tener en cuenta y analizar exhaustivamente si estas anómicas conductas son consecuencias de un desvío de índole personal o producto de una construcción colectiva, (asociación ilícita sin lugar a dudas), dicho análisis nos hará comprender el grado de peligrosidad y determinar el justo y conveniente castigo, ejemplificado, que evite la emulación de tan alevosas y detestables actitudes.

Esta mujer que por su exclusiva irresponsabilidad demando en este juzgado, ha tenido la imperdonable temeridad de intentar trastocar groseramente la realidad viendo en un bulto a un hombre, como ya he relatado, ni más ni menos y casi graciosamente. ¿Se creerá poseedora de la grosera impunidad tan común en nuestros días?.

Ese vano intento de humanización es realmente imperdonable. Podemos aceptar la humanización de un perro, de una foca, de una orca, de un chungungo, podemos aceptar que los llamen Juancito, Ignacio y hasta que aquellos absurdos y orgullosos colonizados saquen a Michael o a John a orinar las veredas, pero humanizar un bulto nos resulta
insoportable, inaceptable.
¿Que sería del egoísmo y la indiferencia que con tanto esfuerzo la maquinaria social viene construyendo? ¿Cómo se lograría controlar a una sociedad que con actitudes semejantes logre aunque sea tangencialmente alejarse del beneficioso egoísmo?, se organice, que deje de rascarse el ombligo, que decida iniciar el camino de la reflexión para lograr una incipiente autonomía personal como la deseada por Castoriadis?
Los señores jueces seguramente estarán más que sospechando la explícita peligrosidad que entraña actitudes de ese tipo.
Pero el daño que le hizo a la indiferencia que con descomunal esfuerzo viene siendo construida, no se debe solamente al hecho de haber pretendido ver lo que no es, un bulto es por el lógico axioma identitario, un bulto y no cualquier otra caprichosa cosa, sino que en una actitud de imperdonable arrogancia, por no decir demencia, también inicio audazmente un diálogo que categóricamente puedo afirmar, fue de carácter atentatorio contra la ausencia de valores que con tanto esmero discursivo y económico la sociedad pacientemente construye incansablemente desde hace miles de años.

Como agravante sospecho que pretende utilizar ciertos atributos para atemperar el castigo que supongo a de esperar por tan anormal y desafiante conducta, que no les diré cuales son porque tengo el temor que ellos influyan a la hora de dictaminar el fallo.

Podría seguir agregando, creo, hasta el hartazgo pruebas para una inapelable condena para esta mujer que se llama Candela. Fíjense Uds. que hasta el nombre resulta ser como una invitación hacia el camino de la luz, (hacia la sabiduría, hacia el conocimiento del sentido de la vida), vela, farol, Candela, pero la realidad es que nos trata de sumergir en el perverso y oscuro mundo de pensar en el otro, es una invitación al guadaloso territorio de los afectos.
Tengo que agregar que el bien más preciado es el tiempo, pero el tiempo no suele ser uno solo. Porque el tiempo, todos o casi todos lo sabemos, se nos suele presentar vistiendo de muy diversas formas y con variadas actitudes. Quien no conoció al interminable y sufriente tiempo de espera del amante o al veloz y casi siempre escurridizo tiempo de la dicha.
El tiempo es como un experimentado artista que amante de poner a prueba su capacidad interpretativa se nos presenta emulando a Saharazad, de mil y una variadas formas.
Pero sea cual sea su presentación el tiempo es algo que en general se trata de atesorar, a tal punto que se lo llegó a comparar con el oro, en nuestra sociedad es un bien cada vez más escaso, a todos siempre les hacen falta unos minutos más para amar, descansar, encontrarse con uno mismo, para…….y raramente es un bien que se obsequia.

Pero esta mujer contra toda lógica, en una actitud de abierto desafío a todos aquellos que sin lugar a dudas somos normales, que pensamos que el tiempo debe ser responsablemente utilizado para lograr cosas materiales, aquellas que nos hacer ser lo que somos, ¿o no?, que justifican el valor de nuestras vidas. Esta mujer, alegremente, decide utilizarlo en otros menesteres como dialogar con un hombre- bulto como sí con tal actitud fuese a lograr algún beneficio económico.
Tengo la esperanza, por no decir la certeza que no habrá abogado por más capaz que sea, que pueda hilvanar argumentos que demuestren la no culpabilidad de la acusada. Tengo la esperanza de que los excelentísimos jueces que presiden este honorable tribunal vislumbren la imperiosa necesidad de sentenciar a una condena ejemplar por los enormes desatinos cometidos por la acusada.

Creo que las pruebas presentadas son más que suficientes para exigir que sea condenada inexorablemente a ser aprehendida con afecto por el resto de los tiempos, que todos sabemos, es amante de la eternidad.
Son muy pocos aquellos que deciden honrar con actitudes lo que su sensibilidad les indica, pero ya les condenaremos a todos……

Afectuosamente, Arturo.
BsAs. 8/4/2014

A las personas de mi vida

Hoy me desperté pensando en las personas de mi vida. Muchas son parte de momentos y otras de toda la vida, pero sin ellas la vida sería diferente porque somos reciprocidad. Están en la puerta de casa, en un lugar de encuentro, en la agenda del móvil, en una anécdota, en un viaje, en una comida, en una palabra, detrás de un teléfono, en una conversación, en un paisaje, en el silencio. Están en Internet, en un cumpleaños, en una poesía. Están en una sonrisa, una mirada, una caricia. Están en una canción, un recuerdo, un mensaje, un sueño, en la compania. Presentes o a escondidas, activan nuestras emociones. Por eso quiero decirles gracias porque aquí o a la distancia hacen que mi vida sea más interesante envolviéndome en abrazos que hacen del camino un punto de partida.

Nos entregan

Llegamos al mundo desprovistos de todo y nos reciben entregándonoslo todo. Nos entregan el amor y la compasión, nos entregan la felicidad y la protección, nos entregan la sonrisa y la capacidad de contemplar, nos entregan armonía y emoción, preocupación y satisfacción, nos entregan la dependencia y la necesidad, la fortaleza y la debilidad, nos entregan la verdad y la mentira. Nos entregan el equilibrio para que las piernas sean nuestro camino, los brazos nuestro asilo y los ojos nuestro destino.