Volver a creer

Voy a creer que existe un cielo,

para saber que estás ahí,

en algún lugar;

no se donde,

pero saber que aún existes.

Me gustaría poder imaginarte,

no se como,

si aún no logro borrar la imágen de tu rostro.

Quizás seas parte del aire,

o el movimiento de las nubes en el cielo,

quizás seas el eco que repite mis palabras,

o el zumbido que retumba en mis oídos.

Quizás seas las ideas que salen de mi mente,

o las lágrimas que se esconden en mis ojos.

Me gustaría creer,

que existe un lugar,

más allá de los sueños,

en el que todo vuelva a empezar.

 

Y 15 años después, sigues estando en mi corazón querida amiga…

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Flor de primavera

Deseo que en cada despertar

se te llenen de música los oídos,

que no haya conversación más larga

que una sonrisa,

que tu despertador sea una abrazo  contigo misma.

Deseo que caminar sea a paso firme

mientras el viento te roce la cara

y el intrépido sol pinte tu cuerpo de luz.

Y en cada primavera te estaré buscando

entre los cerezos y los naranjos,

porque es allí donde te ví nacer.

Causa+lidad

Estás caminando con urgencia

Y de repente levantas los ojos

A punto de chocar con la coincidencia.

Ese momento sucede,

Pero es como si ya fuera parte

De lo cotidiano.

No recuerdas su nombre

Y es lo que menos importa,

Porque siempre ha estado ahí.

Has activado ese vínculo

Que por alguna razón estaba en suspenso.

De repente todo fluye como el agua;

Tan natural y transparente.

Piensas los momentos de tu vida

Que han compartido

Sin que supieran.

Y sin embargo así como el agua,

El tiempo corre,

Y lamentas haber evitado tanto tiempo

ese accidente por ser prudente.

Pero ya recuerdas su nombre,

su historia y la música de sus risas,

y dejará de ser esa  coincidencia

aún en la distancia,

que hoy sabiendo de su existencia,

Trasciende cualquier frontera.

 

 

Ya no sé si es una o son dos: Jud & Migue.

Prólogo

Entre todos los sitios que ha ido eligiendo el hombre a lo largo de la historia como lugar para vivir y desarrollar su cultura, hay algunos que poseen un estilo propio, que surge a simple vista, un estilo que evoca todo el mundo con solo escuchar su nombre.

Son esas ciudades a las que se reconoce de inmediato por un momento, un accidente geográfico notable, por un pasado de gloria o una suma de mitos y leyendas que el tiempo ha instalado para siempre. Pero en realidad el nombre de cada una de ellas termina por ser una invitación a lo irresistible.

Allí se esconde un mundo de experiencias, historias, idiosincrasias, que se pueden recorrer de múltiples maneras, encontrando cada vez placeres diferentes.

Esta vez me toco a mi ser protagonista de esta experiencia, imaginando el espíritu propio e intransferible que distingue a cada una de las ciudades especiales que visite.

Quiero dejar mi sello a la memoria de este viaje, invitando a recorrer caminos, calles, paseos, museos, paisajes y vivencias que esconden ese misterio que vale la pena preservar. Porque allí reside ese estilo que hace de cada ciudad, una invitación a una fiesta que no se puede dejar de celebrar.

….Y así empieza ese libro que se está escribiendo.

 

Pequeña inocencia

Y sin embargo los vemos ahí,

Indefensos,

Pensando que nada entienden,

Pensando que nada dicen,

Entregándonos una sonrisa,

Un alivio,

Una caricia.

Respondiendo cada sonido que nuestras bocas proyectan,

Siguiéndonos con su mirada inocente,

Para no olvidar que ellos están siempre.

El nacimiento de un volver a empezar,

Un primer día,

Un primer sueño.

El amor egoísta.

La compañía constante.

La pureza no corrompida.

Ellos,

Que nos divierten con sus gestos,

Nos preocupan con sus llantos,

Y nos convencen de estar a su lado.

Los recuerdos del futuro,

La infancia inacabada,

La fantasía cumplida.

Y sin embargo están ahí,

Deliberando con el esfuerzo de decirnos

Te quiero,

Y sujetándose fuerte

Para que jamás los soltemos.

Ella

Ella estaba ahí,

sin que yo supiera.

Haciendo de esponja a mis lágrimas,

para que no se me hundieran los pies

en esa tristeza,

que ajena de transparencia,

me escondiera el camino.

Ella estaba ahí,

encendiendo esa mirada cómplice,

auspiciando un abrazo de bienvenida.

Que pobres mis manos,

que Incapaces de una caricia,

no rozaran su presencia,

Ella estaba ahí,

con su luz inalámbrica,

dejando estela donde vaya.

Haciendo de espejo

A mis decisiones más abstractas.

Pero ella estaba ahí,

en ese lugar al que pocas veces toco la puerta,

abriendo las ventanas que habitan en mí;

fuente de melodías,

susurrándome al oído:

despierta, que hoy va a ser un gran día.

 

A esa amiga que simplemente existe…

Mariana

Tan sensible y frágil

Poetiza enamorada.

Luz en vela por las noches,

Esa es mi mariana.

Lleva guardado los sueños

Que sin descanso los deja ir.

Mano experta en caricias,

Que suavemente en mi piel aterrizan.

Húmeda;

Por tantas lágrimas que no deja salir,

Ha inventado su mundo,

Limpiando caminos

Que por los tantos años no la dejan seguir.

Risa cálida y sincera,

Belleza del rostro,

Sostén eterno,

Juventud fresca,

Miradas convincentes

Y silencios cómplices.

Mariana,

De la que tantas veces

Escuche mi nombre,

Con ese tono susurrado

Con sus olvidos piadosos

Y su distracción anunciada

Así es mariana.

La que vieron mis ojos cuando llegue,

Suave y rosada como la mañana.

Mi sombra repetida por los años

La compañía constante

La música del alma

Esa es así; mariana.